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Hacia el CuerpoSapiens

“…con frecuencia la ignorancia engendra más confianza que el conocimiento: son los que  saben poco, y no los que saben mucho, los que aseveran positivamente que éste o aquel  problema nunca será resuelto por la ciencia”.

-Charles Darwin-

Hay dos tipos de atletas, el hace ejercicio desde siempre y el que siempre dice que tiene que hacer ejercicio pero nunca se pone a ello. El contenido de este blog está dirigido al primer grupo y es de lectura recomendada al resto, si es que se deciden a pasarse al primer grupo con gran determinación. En el grupo de atletas unos se preocuparán más que otros en hacer lo correcto, pero nadie estará a salvo de entrenar mal o de dejarse convencer por cualquier truco que crea que le va a funcionar a él porque otros dicen que les ha funcionado a ellos. Pero en el segundo grupo nadie estará a salvo. No se puede permanecer sano de por vida sin hacer ningún ejercicio, sin esfuerzo alguno.

Foto: Teco (Pablo Salto-Weis) http://www.flickr.com/tefocoto

No existe la magia en ningún aspecto de la vida del hombre. El entrenamiento no es una excepción. Los mitos sobre el cuerpo y el ejercicio se propagan muy rápido. Y las pruebas en su contra o señalar su falta de evidencia, no supone de gran ayuda cuando los mitos son más cómodos, más prometedores,  por poco eficaces que resulten realmente. Es demasiado tentador dejarse llevar por lo que nos dicen los sentidos, cuando nuestro pensamiento concluye que lo que se ve es lo que hay. Por eso puedo afirmar que el deporte más practicado es “el salto a la conclusión”, expresión que robamos al humorista Danny Kaye. El gran cómico americano tenía toda la razón, mucho me temo que el  ejercicio más común es el de sacar conclusiones precipitadas, y esto es peligroso cuando se trata de nuestra salud. En Cuerpo Sapiens recomendamos entonces realizar el ejercicio físico haciendo caso de lo que nos dice la evidencia científica  de las recomendaciones de la comunidad de expertos. La experiencia diaria no es nuestra mejor aliada. Debemos aprendemos a cuestionar las intuiciones espontáneas. Esas informaciones fáciles que certificamos de inmediato, aunque sepamos poco de ello. Nos gusta saltar a las conclusiones con energía y con la mayor rapidez. Es una forma cómoda de zanjar nuestros asuntos.

Un ejemplo de esto es la creencia habitual de que realizar ejercicio regular es lo mismo que entrenar. La ilusión de que mejoramos rápidamente, que se crea cuando comenzamos a hacer ejercicio frecuente, nos lleva a creer que un aumento del ejercicio siempre se acompaña de una mejor forma física. De igual forma que las ideas víricas que se comparten sobre la dieta o los suplementos, que también parecen sugerir grandes cambios y ningún malestar. Cuando queremos acordarnos ya no podemos identificar qué nos hace mejorar o si incluso estamos mejorando, sólo creemos que mejoramos porque nos hemos convencido antes de que es así.

Cuando empiece a hacer ejercicio, no convierta el salto a la conclusión en su deporte favorito: la magia no existe y los métodos rápidos son pura ilusión de nuestra intuición.

Sin embargo, entrenar bien es algo más sencillo de lo que solemos pensar, y por contra, entrenar mal es tremendamente fácil. Lo difícil es saber distinguir cuando se hace bien y cuando no. Las respuestas vendrán de la “Actividad Física Basada en la Evidencia”, que es como a mí me gusta llamarla y como trato que sea considerada. El resultado será que ya no seremos un cuerpo escombro, ni un cuerpo obsesionado, ni un cuerpo descompensado o un cuerpo agotado maltratado, tendremos un cuerpo sano entrenado sabiamente, un CuerpoSapiens.

Mi consejo para empezar a hacer ejercicio y lograr sus objetivos:

No lo quiera rápido, no lo espere fácil, no haga caso de todo, ni lo crea inalcanzable y, sobre todo, no se dé por vencido.

Gracias a todos

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